Uno de mayo, Uno de madre
Por María GarcíaMayo es el mes de la madre. Mayo es también el mes que hemos elegido los inmigrantes para salir y que nos vean.Para mí este primero de mayo va a ser muy diferente al anterior. Y no solo porque la policía de Los Angeles nos haya prometido que no se repetirá la infame golpiza. Lo que sucede es que este año soy madre y el año pasado estaba embarazada. Casi nadie lo sabía. El día que me tocó correr y esquivar esos horribles pelotazos de goma, en mi vientre, un ser del tamaño de un frijolito se aferraba a sus dos meses de vida.Allí estaba yo con mi micrófono, y mi buen compañero y camarógrafo Mario. A un lado la línea amenazante de los agentes antidisturbios. Al otro, jóvenes con el rostro cubierto, y ganas de prender la mecha. De repente la arremetida contra los manifestantes estalló.Le grité a Mario: “¡por aquí!” Al darme la vuelta para ver si me seguía con la pesada cámara al hombro lo vi de rodillas. Un oficial lo bastoneaba en piernas, hombros y estómago. Ahí entendí que la credencial que colgaba de mi cuello, como miembro de la prensa, no iba a protegerme de ninguna de esas balas de goma. Pensé rápido en ese frijol en mi vientre … corre… corre…. mi corazón en la garganta… corre…corre … hacia el otro lado del parque…. nunca van a cruzar al otro lado… ahí son puras familias y niños… corre… corre… una vez cruces la calle estarás a salvo… corre … corre la voz: “¡salgan de aquí, levanten a sus niños, vienen golpeando duro, no es broma, no se detienen ante nada!” Mis palabras caían en saco roto. Las mamás me miraban como si les hablara en chino. No se creían que la policía no las fuera a respetar por tener 50 años, por llevar carriola… por sus canas y sus arrugas …No me creían… hasta que era demasiado tarde.Yo seguí corriendo mientras, esas bolas de goma malditas silbaban cerca de mi oreja. Mi único consuelo: que si me daban, me alcanzarían por la espalda, no en mi vientre.Cuando pisé el otro lado del parque salté el muro de cemento que separa la banqueta del pasto. Ya estaba a salvo, pensé, ya me puedo sentar, recuperar el aliento, y soltarme el botón de mis jeans. Sentía calor en mi rostro. Y Mario? Dónde quedó? Me giré para ver si lo veía llegar y lo que encontré, a un centímetro de mi nuca, fue un agente con la visera del casco levantada que me gritaba: “Move! Move!” En ese instante comprendí que no se iban a detener al llegar al área familiar, y que iban a arrasar con todo.Un giro de 180 grados sobre mis talones, y la carrera empezó otra vez. Tenía que llegar al camion del Telemundo y lograr que todos mis compañeros recogieran el carísimo equipo y nos batieramos en retirada.Al llegar al camión se me cayó el alma a los pies: Sevcec estaba en vivo, hablándole a todo el país, rodeado de atentas mamás y nenes que querían observar de cerca la magia de la tele. Les intenté advertir: “¡salgan de aquí! Vienen golpeando feo!! Llévense a sus niños!!!” Las madres me contestaban: “pero si estamos aquí a salvo, junto a Telemundo.” Intenté alerter también a los productores. La adrenalina nos tenía a todos bloqueados.De pronto, la puerta del camión se abrió, y mi compañero Alvaro me agarró del hombro y me metió dentro, justo a tiempo de cerrar y escuchar tres pelotazos estrellarse contra la chapa de la puerta. Bang! Bang! Bang!Ahora, esas mismas madres que antes no me creían, se agolpaban contra el camión, suplicando que las dejáramos entrar; pero ellas mismas, aplastandose, no nos permitían abrir la puerta hacia afuera para socorrerlas.Gritos, empujones, más bastonazos…y de pronto, todo el mundo desapareció a nuestro alrededor. Silencio. Sólo escuchaba mi respiración , y me puse la mano en el vientre. Me pregunté: “Como suena su corazón a los dos meses? También se habrá acelerado como el mío?” Salí del vehículo y no quedaba ni un alma en el parque. Por el suelo había decenas de zapatos… cobijas de bebés… teléfonos celulares … Gorras … papeles. Parecía campo tras la batalla.Misión cumplida. La policía logró su objetivo: limpiar el parque MacArthur de inmediato; vete tú a saber con qué oscuras intenciones. Misión cumplida. Yo había logrado ponerme a salvo, con una mano en mi vientre.Un año después, mi mano está apretujando la manita de mi bebé. Ya va a cumplir 6 meses, y de frijolito pasá a calabacita. Hace un año no me dieron en la “madre” (con su perdón)…. Este año, celebraré mi primer día de la madre como mamá, caminando pacíficamente entre los manifestantes.• En Video: María García entrena con el LAPDVIDEOS EXCLUSIVOS PARA TELEMUNDO52.COM, MARCHA 2008En Video: No sólo los latinos están presentes En Video: Pedro Sevcec: Un año después En Video: Los verdaderos ilegales En Video: Todo se vende En Video: María García entrena con el LAPD • En Imágenes: Primero de Mayo en Los Ángeles
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